¿Qué Son Los Hechos?
¿Qué pensar de frases del tipo de “tengo mi verdad y vos la tuya”, “no existe la objetividad”, y la misma frase de “los hechos no existen, sólo existen interpretaciones”? Todas estas frases están esencialmente en línea con “los hechos puros y simples no existen”, y con que todo son construcciones, yendo así las conversaciones a por qué tal persona interpreta tal cosa u otra distinta de aquella otra persona, y no se va a si la interpretación tiene una correspondencia exacta con la parte de la Existencia de la que se habla –si se reconoce esto como posible– o cuán cercana es y cómo se podría acercar uno aún más a ella.
Aquí cobra mayor importancia lo lingüístico y semántico, en tanto que reconozco que no creé el lenguaje que manejo, y que el lenguaje es dinámico, y que los significados de las palabras cambian, y que por cuáles son los significados de las palabras se libran batallas lingüísticas por adherirles a ciertos significantes –las palabras– ciertos significados distintos a los que tienen de forma mayoritaria o unánime, debido a las connotaciones emocionales que las palabras tengan.
Así, en algún período del pasado, el significado mayoritario y quizá unánime del sustantivo “hecho” o “hechos” refería a partes concretas de la Existencia, aun admitiendo que se pudiera estar equivocado, en cuyo caso se diría: “Creí que tal cosa era un hecho pero me equivoqué; la verdad es esta otra cosa” (hecho era sinónimo de la verdad al menos en ciertos contextos); y decir que “interpreté que el hecho era tal cosa” reconocía implícitamente que se había supuesto a partir de algo una parte de la Existencia, que la interpretación fue una suposición –un acto de conexiones mentales con las cuales se creía haber identificado una parte de la Existencia– y que, ante nueva información, se decidiría si la interpretación tuvo una correspondencia exacta, una igualdad, con la Existencia o no.
El significado de las cosas que digo tiene su significado por convención, aun si fuera una convención únicamente conmigo mismo, es decir –a riesgo de sobresimplificar–, que a específicas combinaciones de sonidos o letras las llamamos sustantivos, y a su vez convenimos que un sustantivo se corresponde a un objeto como el sonido de “árbol” se corresponde con un cierto objeto que el lector puede imaginar porque ya conoce la convención, y similarmente para adjetivos y verbos. Las combinaciones entre estos términos –sustantivos, adjetivos, verbos y demás elementos gramaticales–, de acuerdo a sus convenciones de los objetos de la Existencia que representan, muestran o cuentan, corresponden a lo que ocurre en, o hay en, la Existencia.
Así, si veo que una rama cayo del árbol y digo a un acompañante que no la vio caer: “Una rama cayó del árbol”, si este acompañante habla mi mismo idioma –es decir, si ambos adherimos a las mismas convenciones para los significados de las distintas combinaciones de sonidos–, él sabrá que “Una rama cayó del árbol” tiene su correspondencia con un hecho específico de la Existencia que ha ocurrido y que sabe cuál es en su tipo: no conoce el hecho por completo porque no lo vio, pero tiene tipificado cómo habitualmente cae algo al suelo (tiene un registro mental de ver objetos caer y cómo lo hacen).
Otro ejemplo sobre significado de “hecho” e “interpretación”: “Interpreté que sus palabras significaban que no estaba cansado todavía, pero al ver a los pocos minutos como apenas podía seguir corriendo, vi que mi interpretación fue errónea” (no se correspondió con la Existencia) “y que el hecho era” (la Existencia era) “que no estaba tan cansado como para dejar de correr inmediatamente pero que no iba a durar mucho más”.
Así, un hecho era lo que existía o existió o existirá, y se trataba de “acertar” respecto a qué era lo que existía o existió o existirá, o sea, cuáles fueron o son o serán los hechos, e interpretar era el proceso mental de tratar de descubrirlos, y la interpretación era una suposición correspondiente o no con la realidad.
Y como saber cuál fue, es o será la existencia tiene una connotación positiva, se ha tratado de adherirle a la palabra “hechos”, que posee esa connotación positiva, el significado que tiene la palabra “interpretación” por parte de personas que piensan –o dicen que lo piensan– que todo es interpretación y que es imposible asir lo que se llamaba “hecho” –la Existencia–, con lo cual no se pierden, por un lado, de usar la palabra “hecho” con su connotación positiva, y a la que tratan de envolver en la unanimidad de que su significado sea sólo una interpretación con imposibilidad de saber en qué grado se corresponde con la Existencia; y por otro lado, de desviar las conversaciones a las causas de las interpretaciones, convirtiéndolas en una conversación sobre las personas que las formulan y no en cuánto se corresponden las interpretaciones con la Existencia, que queda vista como algo así de un mar en el que estamos sumergidos que jamás podrá alguien ver cómo es, sino que lo verá como lo desee.
Y así, en realidad, entre o con quienes piensan así, argumentar es vano, discutir es vano, porque ellos mismos serán los que verán en el Mar de la Existencia las características que deseen ver a través de una proyección de su mente que no trata de ser una proyección que reproduzca exactamente cómo es ese Mar, sino que, sin importar lo que digan otras personas, quedarán las características de su Mar proyectado en manos de cómo el azar haga cambiar sus deseos, y no me refiero aquí al necesario “ver lo que quiero ver” debido a la incapacidad de la mente para adquirir toda la información del Mar –lo que obliga a priorizar al tanteo qué partes se ven–, sino que me refiero al “ver lo que quiero ver” porque no quiero ver cómo el Mar de verdad es.


